El Chapitel

Huichapan tiene a orgullo ser el lugar en el que se conmemoró por vez primera en 1812 el aniversario de la insurrección de Hidalgo. De este importante episodio de la historia de Huichapan, escribe el historiador Eric Van Young en su libro La otra rebelión (2001; FCE, 2006).

Uno de los sitios donde la conmemoración tuvo lugar entre el 14 y el 1 de octubre de 1812 fue en un lugar conocido, entonces y ahora, como El Chapitel. Ahí, tuvieron lugar las arengas insurgentes de Ignacio López Rayón.

Siendo uno de los intereses de este blog hablar del patrimonio arquitectónico de Huichapan, ésta es la ocasión de hablar de ese pequeño e importante edificio conocido como El Chapitel.
El Chapitel es un edificio de dos plantas, con una puerta y un balcón hacia la plaza principal del pueblo, colindante al atrio de la iglesia, dentro del predio que perteneció al conjunto conventual de San Mateo Huichapan hasta mediados del siglo XIX.

Su importancia histórica sugiere hacer algunas preguntas sobre su nombre, origen y forma.

Chapitel, según los diccionarios, es el remate de una torre, campanario o iglesia, pudiendo tener forma piramidal o cónica. El techo de nuestro Chapitel es plano ¿dónde quedó el remate?, ¿existió un chapitel arquitectónico?, ¿por qué se llama así?
Luego ¿por qué fue este pequeño edificio el lugar elegido para las proclamas de López Rayón? ¿Qué era o qué función tenía antes de eso?
Y por último, ¿por qué su apariencia exterior es la de la arquitectura civil de la segunda mitad del siglo XIX, no la que corresponde a la de 1812?

Para responder estas preguntas, casualmente, tuve ocasión de ver otro Chapitel sin remate apuntado, con una clara vinculación a un conjunto conventual, como en Huichapan y ubicado justo en la plaza principal de una localidad próxima –en más de un sentido- a Huichapan. Se trata de un dibujo de la plaza de Aculco en 1838 y que amablemente me mostró el investigador Javier Lara Bayón (autor de este blog). Ese edificio cuenta con los mismos elementos estructurales que el de Huichapan: es una pequeña estructura elevada, con un balcón, adosada al muro del atrio, mirando a la plaza.

Es muy probable por tanto que el nombre que ostenta tanto el del dibujo de Aculco (el edificio ya no existe), como el edificio de Huichapan, sea por extensión, es decir, por alguno de ellos que estuvo cubierto con un chapitel arquitectónico (de manera parecida a llamar "zócalo" a todas las plazas mayores, ver aquí).

Sobre su función y uso, en México a través de los siglos (1880), se lee lo siguiente:

"Los religiosos y los párrocos clérigos hicieron fabricar en los pueblos grandes, y adonde los vecinos de un distrito o provijcia se reunían cierto día de la semana en los mercados que llamaban 'tianguis', unas ermitas que recibieron el nombre de chapiteles, y eran capillas muy pequeñas, en donde apenas cabían el sacerdote que decía la misa y el acólito que la ayudaba; pero abiertas y dispuestas de tal manera, que todos los que estaban en el mercado podían ver la misa sin abandonar el lugar en que tenían sus mercancías".

Por tanto, el Chapitel de Huichapan fue una capilla abierta, parecida en dimensiones a la que se conserva en Tlahuelilpan, Hgo., donde tenía lugar la celebración de la misa dominical y que, por su forma y privilegiada localización en la plaza, fuera el lugar idóneo para arengar al pueblo.
Por último, es posible suponer que su apariencia actual, muy distinta de la del dibujo de Aculco y la de Cocotitlan, Edo. de Mex., (es el otro chapitel que aún se conserva en pie), se deba a que fue remozada tras la desamortización de los bienes de la Iglesia, para darle una apariencia más civil y menos eclesiástica pero manteniendo vivo el recuerdo de las proclamas insurgentes de 1812.

No dejen de visitar el Chapitel que forma parte del Museo de Arqueología e Historia de Huichapan.

¿Patrimonio o estacionamiento?

La evangelización de la Nueva España, se llevó a cabo en espacios abiertos, tanto por la benignidad de clima como por la importancia que los espacios al aire libre tenían para nuestros antepasados indígenas como lugar de culto y de reunión.

Los atrios no eran solo el “vestíbulo” del templo cristiano, eran el templo mismo, lo que explica la existencia de las capillas abiertas en las iglesias del siglo XVI, que fungian como el presbiterio de esos imponentes templos que tenían por bóveda, el cielo azul.

San Mateo Huichapan, fundado de 1531 - se cumple este año el 480 aniversario- conserva el generoso atrio y la cruz como invaluables testigos de la fundación. Éste espacio seguramente contó con una capilla abierta, en el lugar que ahora ocupa la parroquia de San Mateo, edificación del siglo XVIII construida con el legado de capitán Manuel González de León.

El uso del atrio como lugar de culto se ha perdido, no así su uso como lugar de reunión, como puede atestiguarse cada domingo en Huichapan.
El atrio es un espacio con la vocación de acoger a las personas, no se trata de un baldío, un estacionamiento o una extensión de la calle. Fue un espacio sagrado, -templo y, posteriormente, cementerio-, sin duda no es el lugar que deba usarse para estacionar automóviles, tal y como viene sucediendo desde hace ya bastante tiempo.

Solicitamos atentamente por este medio a las autoridades eclesiásticas y municipales de Huichapan que tomen cartas en el asunto para evitar que se use el atrio como estacionamiento.

Cuando la “limpieza” borra el pasado

En una entrada publicada hace algún tiempo en este blog, se comentaba la ornamentación con anagramas en los dinteles de las puertas, tan característica de la ciudad de Huichapan, y en otra entrada, se trató el tema de la pintura mural o “piel” de la arquitectura, ese elemento protector tan necesario y al mismo tiempo tan vistoso.

Pues bien, recientemente, en la calle Abundio Martínez se “limpió” la portada de una antigua casa perdiendo un importante testimonio de la presencia de anagramas y de pintura mural. Esa portada ostentaba una delicada pátina* producto del viento y las lluvias, logrando un efecto deslavado imposible de lograr por otros medios. Dejaba al descubierto simultáneamente las múltiples capas de pintura a la cal en tonos rojos, blancos y ocres, tan propios de la arquitectura mexicana.



En el dintel de esa puerta, las lluvias habían dejando al descubierto el intento de un antiguo propietario por borrar los anagramas religiosos que, sin embargo, habían dejado una “cicatriz” en la piedra. Los anagramas de Santa María, de Cristo y de San José habían sido eliminados, pero, por la distinta porosidad de la piedra y las sucesivas manos de pintura a la cal (sí, la piedra se cubría para protegerla de la intemperie, la piedra expuesta es moda sólo a partir del siglo XX, ver acá), dejaban ver los antiguos anagramas como un “fantasma” (dar clic en la foto).

Lamentablemente un errado sentido de “pulcritud” desapareció a los “fantasmas” y ha dejado la piedra expuesta (ver foto). En realidad, ahora es difícil diferenciar esta puerta de otra de reciente factura. Además, por si fuera poco, el actual dueño ha quitado la puerta de madera (ciertamente muy maltratada, pero rescatable) y ha convertido el señorial zaguán de la casa en un local de renta.



Esperamos que esta equivocada idea de “limpieza” no se ponga de moda, dañando otras portadas iguales o mejor conservadas como la de “La Manchega”.






*Las pátinas son capas o películas superficiales que representan el estado de envejecimiento de un material. Su formación no implica necesariamente procesos de degradación o deterioro, e incluso pueden proteger al material.

Una casa "moderna"

En este espacio suele hablarse de la riqueza cultura y natural del municipio de Huichapan, Hgo., pero ahora queremos tratar de uno de lo problemas más frecuentes en la conservación de la imagen de las ciudades virreinales: la inclusión de arquitectura contemporánea en el tejido urbano colonial.

Para ilustrar el problema se mostrará un caso lamentable y reciente de arquitectura “moderna” en el centro histórico de Huichapan.


La construcción que se muestra en la foto rompe con la arquitectura característica de la ciudad, tanto por los materiales como por la morfología del inmueble, aun cuando está en obra negra, es evidente que no muestra respeto alguno por el contexto. Como se sabe, los edificios coloniales mantenían un paramento exterior que unificaba los inmuebles de una misma cuadra, generalmente con la misma altura, es decir, todos tenían un muro que le daba contención y trazaba la visual de la calle. Además era infrecuente el uso de paramentos curvos, con vanos o ventanas tan apaisadas y curvas.

La construcción de esta casa pasó sin ver de las autoridades. Lo lamentable es que contamina y permite la violación de los reglamentos que protegen la imagen urbana de las ciudades que, como Huichapan, se precian de su patrimonio antiguo y de la buena apariencia de sus fachadas.

Es evidente que los propietarios pueden hacer con su terreno los que les parezca más conveniente, una casa a su gusto, por ejemplo, y sin embargo, estamos ante un conflicto entre el bien particular y el bien común. Lo curioso es que no se suele caer en la cuenta que proteger el bien común -en este caso la imagen urbana-, protege también el bien particular. El valor de un inmueble esta dado tanto por el edificio en sí, como por su ubicación, la buena apariencia de una casa, depende de la casa, la cuadra y el barrio. Por otra parte, es obvio que el arquitecto pensó que encontraba en alguna colonia de las afueras de la ciudad de México cuando proyectó ésta casa.

Hay que tener cuidado con el crecimiento (modernidad) de la ciudad, porque nos podemos quedar sin nada.

La piel de la arquitectura

Son los detalles los que hacen al conjunto, es la suma de las partes lo hace interesante un todo.

En esta ocasión vamos a tratar de un elemento modesto, pero no menos importante: la pintura mural.
La pintura mural es, en palabras de Juan Benito Artigas, “la piel de la arquitectura”, la epidermis que protege al inmueble y le aporta interés. Un edificio sin los acabados, es como un hombre desnudo o peor, como un desollado.

Huichapan conserva buena parte de los aplanados antiguos de las casas, gracias a las condiciones ambientales y al cuidado de su gente. No ha sucumbido a la moda petrófila que ha “desnudado” numerosos inmuebles históricos en Morelia y en otras ciudades coloniales.
Una de las posibles razones por la que se conservan los aplanados es precisamente porque se cuenta en los alrededores de la población con numerosos bancos de piedra, es decir, cuando se deseaba mostrar la piedra al natural, se podía conseguir en abundancia para hacer sillares como los que exhibe la portada del la parroquia de San Mateo. En cierto sentido, la piedra no era un lujo del que se podía ostentar. Pero lo más habitual era cubrir, tanto la piedra tallada en sillares como la piedra sin labrar, por gusto y por razones de preservación. Los aplanados de cal y arena dan impermeabilidad, cohesión y por ende, protección a los muros.

Esos muros, ya blanqueados con cal, eran amplios lienzos que, conforme al gusto de la época, no podían quedar en blanco y en atención a las posibilidades del que pagaba, podían ser más o menos “ricos”. Los más interesantes tenían motivos que podían emular grandes sillares o trampantojos, figuras geométricas o vegetales, generalmente en un patrón repetitivo.

Un ejemplo que aun es posible observar y habla de hasta que punto fue aprovechado el legado del capitán Manuel González en la construcción de la parroquia de San Mateo, se conserva en lo alto del muro testero del brazo del templo. Es un muro bien visible desde la plaza principal.
Es un fragmento que muestra motivos florales en negativo sobre recuadros rojos, intercalados con recuadros blancos. Los motivos florales alternan flores de cuatro pétalos y flores de liz dispuestas horizontalmente.
Además, en ese muro es posible ver irregulares líneas horizontales y verticales, como “costuras” blancas entre las tareas, o tramos de aplanado que un albañil hace en un día de trabajo.

Se conserva un ejemplo similar en Amecameca, Estado de México, en la portada del templo, que fue restaurada siguiendo el patrón repetitivo original.

Recomendable leer el artículo sobre Los acabados de los monumentos novohispanos y la petrofilia al final del siglo XX, haciendo clic aquí.

Don José Antonio Morales León


En la parroquia de San Mateo Huichapan se alberga una pintura de lo más interesante que exhibe plásticamente la importancia de esta parroquia a mediados del siglo XVIII.

La pintura plasma al presbítero bachiller don José Antonio Morales León, cura “de su Majestad”, que fue el primero en tomar posesión de la parroquia tras la salida de los religiosos franciscanos, por el proceso de secularización que llevó a cabo la Corona en el siglo XVIII.

El presbítero se muestra de pie vestido con traje talar y manteo, porta un libro pequeño en la mano derecha y apoya la otra en el birrete sobre una mesa con paño rojo. El fondo es un librero que muestra los lomos y títulos de numerosos libros, un cortinaje rojo y una reja de madera del lado derecho.

Una cartela en forma de escudo tiene la siguiente inscripción:

BAchiyer Dn Joseph Antonio Morales cura p[arroco] Su M[ajestad] DE esta doctrina de Guichapa y su juez eclesias[tico] Fue, el primer clérigo que Entro Despues de los relig [iosos] fransiscanos y To- mo posesión eN 23 de D[iciembre] de 1754

Al pie, se lee lo siguiente:

Petri, et Francisci segueris vestigia Ioseph/ Christi pascis oves ipse DoMUn reparas./ viva at que [ilegible]deprecor ANNos, ut miser[ilegible]/ A Costa de un Amigo de S Cura [ilegible] ecido año de 1758

Este segundo texto es posiblemente un elogio erudito –en latín- para el bachiller y señala quien pagó el lienzo.

Se tiene noticia de la existencia de, al menos, una carta entre este personaje y Agustín de Ahumada y Villalón, Marqués de las Amarillas, virrey de la Nueva España (1755-1760) en el que se le solicita que “con sigilo y reserva” informe si el Alcalde Mayor reside en la cabecera y atiende personalmente los deberes de su cargo. A esta solicitud el bachiller responde que: […] en poco menos de un año que entró de Alcalde Mayor en esta provincia don Francisco de la Colina le ha visto asistir y servir personalmente el empleo en esta cabecera, que es el pueblo principal [se refiere a Huichapan], a excepción de una y otra vez que por poco tiempo ha salido a entera de tributos dejada encargada la administración de Justicia a un vecino que lo ha sido don Diego de la Canal,[…]. En resumen, el bachiller tiene una buena opinión del desempeño del alcalde, Don Francisco de la Colina.

Si bien esa carta no revela abandono del cargo por parte del Alcalde mayor, pone en evidencia que una de las muchas razones para secularizar las parroquias, era también, que el gobierno virreinal y en última instancia la Corona, contaban con el clero secular para tener un mejor control de sus amplios dominios y definitivamente, la provincia de Xilotepec con su cabecera o alcaldía en Huichapan no les era indiferente.

Para concluir, esta pintura se localizaba originalmente en la sacristía de la Tercera Orden, pero fue traslada para que la sacristía fuera usada como capilla por unas religiosas que desde hace años viven en un anexo de ese templo, lo cual contradice la vocación histórica de ese recinto e imposibilita la visita a ese bellísimo lugar.

Bibliografía:

Mendoza Muñoz, Jesús. El gobierno Virreinal de la Provincia de Xilotepec y Huichapan. Fomento Histórico y Cultural de Cadereyta, Cadereyta, 2007

La presa Libertad, 1912



El 23 de junio de 1912 fue para Huichapan un día solemne. Aquel día, Francisco I. Madero, primer presidente de México, después de los largos años de la dictadura porfirista y con apenas unos meses en el cargo, llega para inaugurar la presa Libertad en los terrenos de la Hacienda de Tocofani en la barranca conocida cómo Arroyo Hondo o Barranca del Gallo. Llegó acompañado de su mujer, Sara Pérez. Se observan también en las fotografías algunos militares.



La serie fotográfica que acompaña estas líneas da buena cuenta de la expectación que la figura del presidente Madero suscitó entre los pobladores de Huichapan, entre los jóvenes de camisa de manta que no apartan la vista del recién llegado, como entre las mujeres sentadas en la estación del tren con sus mejores y más elaboradas galas, incluso con pieles ¡en pleno junio!




En las dos imágenes que muestran la colocación de la primera piedra de la presa que actualmente lleva el nombre de Francisco I. Madero, se observan numerosos hombres con el sombrero en la mano, expectantes, mientras que en la siguiente imagen es posible ver al presidente con la cuchara de albañil en la mano.




















En esa ocasión Francisco I. Madero dio un discurso muy interesante y que tiene frases con plena vigencia que merecen la pena recordar:

Yo tengo la convicción de que los pueblos, para llegar a ser grandes, necesitan de la ayuda de todos sus hijos. Es una utopía suponer que los Gobiernos deben hacer todo; los Gobiernos deben ser honrados, deben de presentar la oportunidad a todos los ciudadanos para que puedan desarrollar su energía.

Y más adelante dirá:

Y ahora, que algunos malos mexicanos, que no saben cuál es el modo de servir a la patria y de trabajar por su engrandecimiento y que se han rebelado contra el Gobierno creyendo que es cosa muy fácil derrocar a un gobierno constituido legítimamente; que estos malos mexicanos tomen ejemplo de los hijos de Huichapan, que se reúnan entre sí para construir presas, para regar sus tierras, y de ese modo lograrán conquistar su bienestar y lo deberán a ellos mismos, porque el único capital honrado, el único capital que proporciona bienestar y orgullo a su poseedor es el capital conquistado por el esfuerzo personal, no el que se: obtiene por medio de la rapiña, el robo o el azar; además, el capital que se obtiene por otros medios que no sea el trabajo y el ahorro no es duradero, se va como viene...


Que el ejemplo vuestro, del simpático Ayuntamiento de Huichapan, sea seguido por los demás de la República, qué todos los mexicanos comprendan que para resolver el problema agrario y los demás problemas nacionales se necesita la iniciativa privada, se necesita del esfuerzo común, y habremos logrado encarrilar a nuestra patria por el verdadero sendero del progreso y la democracia, porque éste está vinculado precisamente con el bienestar de los ciudadanos, con su progreso, con la pequeña agricultura, porque el pequeño agricultor es un ciudadano que ejerce sus derechos, que cumple con sus deberes, porque sabe que sólo así puede salvar sus intereses, conservarlos para sus hijos.


Con gran placer acepté la invitación que se me hizo para poner la primera piedra de esta presa, porque quise demostrar con esto mi grandísimo empeño porque se desarrolle la agricultura; quise con mi presencia alentar a los buenos ciudadanos que han llevado a Cabo esa iniciativa y para que su ejemplo sea seguido por nuestros demás conciudadanos.



Más tarde, aquel mismo día, el Gobernador del estado de Hidalgo, Ramón Rosales, le ofreció un banquete donde el presidente tuvo oportunidad de decir lo siguiente, que da buena cuenta del orgullo que los huichapenses sienten por su historia:

(…)El problema agrario lo resolveremos en México con el arado y no con el fusil; necesitamos soldados como el Ayuntamiento de Huichapan y como sus hijos que se reúnen para construir presas, obras hidráulicas para regar sus tierras y no como aquellos que toman las armas para ir a robar la tierra a sus poseedores.
Siempre guardaré recuerdos gratísimos de mi estancia en esta simpática ciudad; aquí he venido a enterarme de las páginas más gloriosas que ha escrito en nuestra historia. El señor licenciado Anda y Siliceo en la Presa nos narró algunos acontecimientos que nos han conmovido profundamente y que nunca olvidaré.


Si bien la terminación de la presa se vio interrumpida por la revolución y fue concluida hasta el gobierno del Gral. Lázaro Cárdenas, la presa Madero sigue siendo un importante y bello testimonio de aquel momento.

Para leer completos los discursos de aquel día, hacer clic aquí.

Agradecemos la información e imágenes proporcionadas al autor de este excelente blog.


Bibliografía:
"La obra de la comisión nacional de irrigación durante el régimen del Sr. Gral. de división Lázaro Cárdenas 1934-1940", Tomo I, publicado en México, en 1940.

Unión de amigos

El actual estado de Hidalgo fue, durante el siglo XIX, uno de los principales productores de pulque, bebida de origen prehispánico que es producto de la fermentación del aguamiel, que se obtiene del maguey. Una de las zonas más prosperas en la producción de esta bebida fueron los llanos de Apan, pero al parecer, en el valle de Huichapan se producía también, tal como lo muestran estas fotos de tlachiqueros.

El pulque fue durante el virreinato y el siglo XIX, la bebida por excelencia para ricos y pobres, jóvenes y viejos, parte integral de las comidas familiares. Pero durante el porfiriato, el creciente gusto por lo europeo así como una campaña bien orquestada, satanizaron el consumo de esta bebida. Esta campaña continúo durante las primeras décadas del siglo XX. A partir de los años veinte, el gobierno intentó erradicar al pulque por "embrutecedor", "antihigiénico" y "causa de degeneración" de la clase trabajadora y la población indígena. Entre los críticos del pulque, se aludía a su viscosidad y olor para tacharlo de "nauseabundo y asqueroso". Durante la presidencia de Lázaro Cárdenas (1934-1940) se organizaron campañas antialcohólicas que tuvieron como objetivo suprimir por completo la ingestión de pulque.

Como alternativa al pulque se propuso beber cerveza, que en esa época no se consideraba del todo alcohólica. Desde la década de los veinte, en las ciudades se anunciaba la cerveza como una "bebida familiar", "rigurosamente higiénica" y "moderna". Además, entre las clases medias, se incitó a tomar cerveza con fines "alimenticios" y "terapéuticos".
Sin embargo hoy se sabe que el pulque es una fuente rica en vitamina C y es un alimento que incrementa la producción de leche en mujeres en periodo de amamantar siendo también un tónico refrescante.
A la larga, la batalla contra el pulque triunfó en las grandes ciudades. En las urbes del país es más fácil conseguir una cerveza que un vaso de pulque. El pulque fue desplazado por la cerveza, del mismo modo que las aguas frescas fueron sustituidas por los refrescos.

En Huichapan existió esta pulquería con el alegre nombre de “Unión de Amigos” que se localizaba a lado de lo que hoy es el mercado. Cabe mencionar que lamentablemente para la edificación del actual mercado municipal, se hizo leña con los sabinos milenarios que rodeaban la antigua alberca o manantial que surtía a la ciudad.

¿Qué hace ese hombre allá arriba?



En lo alto de la torre campanario de la capilla de Nuestra Señora de Guadalupe, templo que por dos siglos fue la iglesia mayor de Huichapan, se encuentra la escultura, en apariencia pequeña, de San Cristóbal. ¿Qué hace en lo alto ese personaje?

El campanario, posiblemente construido en 1692, fecha que aparece en la base de la torre, sobre la fachada, muestra un estilo claramente barroco novohispano. La torre esta compuesta por tres cuerpos y decorado por motivos vegetales y pilastras entorchadas por “perlas”, coronadas con penachos por capiteles(es decir, no coinciden con los ordenes conocidos: jónico, dórico, corintio, etc.).
En la clave de los arcos de los vanos del primer cuerpo, se observan los cuatro evangelistas y las esquinas de cada cuerpo ostentan pináculos, muchos ya perdidos.

Y en el remate, sobre una pequeña cúpula, San Cristóbal.

San Cristóbal es un santo fabuloso cuya leyenda se popularizó en el siglo XIII mediante la Leyenda Dorada. En ella se cuenta que ese personaje era un gigante, que orgulloso de su fuerza, se dispuso a servir al rey más poderoso del universo y se colocó al servicio de un monarca, pero al advertir que éste temía a Satán, lo abandonó por servir al diablo. Posteriormente, al advertir que el diablo temía la vista de una cruz, le abandonó para servir a Cristo, y sin tener manera de encontrarle, se puso a trabajar a las ordenes de un ermitaño, cruzando a los viajeros de una lado al otro de un río.
Una tarde, un niño le pidió lo pasase a la otra orilla y el gigante lo cargó en sus hombros, pero su peso era muy superior al de un niño, tanto, que con dificultad llegó a la otra orilla apoyándose en una palmera. Entonces el misterioso niño se dio a conocer como Cristo y le impuso el nombre de Cristóbal, que significa “el que porta a Cristo”.

Según la creencia popular este santo protege contra la mala muerte o muerte sin confesión y basta con mirar su imagen para estar protegido contra este peligro durante todo el día.
A pesar de que tanto la Reforma protestante como la Contrarreforma católica pusieron en entredicho la veracidad de su historia, en la Nueva España prevaleció su culto.

No es tan inusual la colocación de este personaje en los campanarios ya que se conoce que se pintaron grandes imágenes de este santo en los campanarios de Santiago Tianguistenco y Tochimilco (esta última, ya desaparecida) para ser visto a la distancia, pero es peculiar que sustituya a la cruz como remate. De ahí su importancia y rareza.

Presentan, tanto el santo como el Niño, una perforación a la altura del pecho, lo que ha dado pie a numerosas especulaciones.
Lamentablemente la cabeza del Niño fue fracturada posiblemente por el impacto de un proyectil o bala, así como las manos del Niño y el santo.

¿Qué hace entonces San Cristóbal ahí arriba? Protege desde hace 317 años a los pobladores de Huichapan contra la mala muerte… a condición de mirarle con frecuencia.

La historia de un kiosco



El kiosco que actualmente se observa en la plaza de Huichapan es, en realidad, el tercer kiosco que existe en ese lugar.
La apalabra kiosco viene del francés kiosque, que a su vez viene del turco köşk, y este del persa košk, y este del pelvi kōšk, pabellón. Y que se define como: "Templete o pabellón en parques o jardines, generalmente abierto por todos sus lados, que entre otros usos ha servido tradicionalmente para celebrar conciertos populares."



El primer kiosco, que muy probablemente se instaló a finales del siglo XIX, siguiendo una moda europea, era de metal, como la torre Eiffel y otros edificios modernos. De haberse conservado sería un interesante ejemplar de la arquitectura en hierro, pero, por desconocidas razones, fue sustituido por otro en estilo Colonial-californiano, lo que permite fechar su construcción en el segundo cuarto del siglo XX. Posteriormente, se demolió y en su lugar se colocó el busto de Julián Villagrán que ahí se conserva.



Emulando este segundo kiosco se construyó a finales del siglo XX el actual, en un emplazamiento distinto pero dentro de la misma plaza.
El kiosco no tiene en las circunstancias actuales la misma importancia y función que tuvo el primero ya que raramente se ocupa.